domingo, 13 de marzo de 2016

Los avatares del nuevo modelo



Todos sabemos que el crecimiento depende del dinamismo de los distintos componentes de la demanda agregada (consumo del sector privado, consumo del sector público, inversiones y exportaciones). El crecimiento puede explicarse por el dinamismo de alguna de ellos o por una combinación de estos. Durante los primeros cuatro años de gobierno kirchnerista (2003-2007) el dinamismo se dio en todos los componentes de la demanda agregada. Pero en los últimos cuatro años (2011-2015) el consumo privado y el gasto público fueron los inductores exclusivos de la actividad económica. La nueva administración ha planteado para el período 2016 -2019 un nuevo paradigma del crecimiento basado en las inversiones privadas, las exportaciones, las inversiones en infraestructura,  en el contexto de una economía abierta. Pasamos nuevamente de un extremo del péndulo al otro. De un modelo de economía basado en el mercado interno y en el consumo a otro basado en la inserción de la economía en los flujos de capital y del comercio internacional. 


Subyace nuevamente la idea de volver a fuentes genuinas de crecimiento – que es una forma de decir que las anteriores fuentes de crecimiento no lo eran y por eso se agotaron - . De volver a una suerte de círculo virtuoso donde el desarrollo – palabra bastante gastada al ser reiteradamente enunciada – vendrá de la mano del aumento de las inversiones lo que redundará en aumentos de la competitividad y de la productividad. Subyace nuevamente la idea del derrame que nos alcanzará a todos (¿pobreza cero?). Una suerte de idea de “tiempo y esfuerzo esenciales para cualquier logro” como se decía en el último interregno militar. Es un esquema que requiere tiempo en dar frutos: que las inversiones se realicen y maduren, que aumentemos nuestra inserción internacional exportadora, etc. En definitiva los frutos del crecimiento serán duraderos y sustentables pero se verán allá a lo lejos. Mientras tanto el desierto.

Pero este nuevo modelo de crecimiento enfrenta riesgos:

  • Los precios de los commodities no recuperarán su esplendor
  • La recesión en Brasil y su crisis política – institucional perdurará.
  • La existencia de un mundo “más vendedor que comprador” (salvo China con señales de alerta en su balanza comercial).
  • Un escenario interno de estanflación que ya lleva cuatro años que dilata las decisiones de inversión (locales como externas). Ver y esperar a que aclare es lo que señalan los empresarios. Más aún si estos redujeron sus posiciones de deuda.
  • Flujos de inversión extranjera directa que ven menos atractiva a América Latina (con la excepción de México) frente a la caída de los commodities, el reflujo de los capitales de los países periféricos a los países centrales, el aumento de la tasa de interés internacional y un Brasil en recesión. No debe olvidarse que los inversores globales no miran países sino regiones. Y las inversiones escasa vez son de escala global sino que son principalmente para abastecer la región. Habrá inversiones pero en sectores puntuales (cadena cárnica, litio, minería, algunas cadenas agroindustriales, servicios y nada más). No moverán el amperímetro.
  • Un realineamiento internacional de Argentina con el eje EEUU-UE que dejará rendimientos positivos en cuanto a potenciales futuros endeudamientos con organismos multilaterales o préstamos bilaterales pero de escasa gravitación en inversiones reales y en exportaciones.

 Resulta paradojal que cuando los países emergentes eran atractivos para el capital internacional – boom de los commodities mediante – Argentina optó por un modelo de crecimiento endógeno cerrado al capital internacional y ahora opta por el modelo opuesto cuando los países emergentes perdieron gran parte de su atractivo.  Parecería que vamos a contramano del contexto internacional.

Pero estas limitantes no significan que el nuevo modelo adoptado (basado en inversiones y exportaciones) fracase sino que sus resultados tardarán más en llegar que con el modelo anterior – basado en el consumo - en especial en lo que hace  a la percepción de la sociedad. En este sentido, la sociedad argentina puede impacientarse si sólo ve ajuste sobre sus ingresos y sobre el empleo y añorar los frutos de un modelo anterior agotado.

Las sociedades descreen cada vez más de los sacrificios que se deben hacer en el presente en pos de un futuro mejor lejano e incierto. (que el sacrificio lo haga el de al lado). La cultura de la inmediatez es la predominante. Frente a la inmediatez este nuevo relato carece de atractivo. Por otro lado: ¿Quiénes son los que pueden esperar los frutos de un mañana lejano y difuso y aceptar los sacrificios y privaciones de un presente cierto y concreto? La respuesta es obvia: son los que Galbraith llamaba en el libro “La cultura de la satisfacción” los “satisfechos” que en términos electorales son una minoría. Son el colectivo poblacional donde los sacrificios y privaciones son mínimos. Son los que tienen capacidad de transferir el “ajuste” y exigir ese ajuste al resto de la sociedad. Es por ello que sería recomendable que la actual administración pondere de mejor manera como resguardar el poder adquisitivo de la población y el empleo. Como resguardar el consumo que es hoy la única variable que tiene a mano para evitar una caída de la actividad económica que la anterior gestión dejo en niveles elevados.

El Gobierno es consciente de este escenario. Por ello es que le resulta indispensable morigerar el ajuste y eso se llama cerrar el default  y poder volver a endeudarse a tasas de mercado para poder sortear esta transición del desierto al supuesto paraíso. Una suerte de puente de plata que le permita ganar tiempo. Hoy tener sentido común significa cerrar este contencioso para evitar profundizar el ajuste. Precisamente oponerse al acuerdo con los holdauts es promover un mayor ajuste al actual.

Pero, no obstante el debate sobre esta coyuntura y del escaso grado de libertad que le dio el Congreso Nacional al Poder Ejecutivo para endeudarse – más allá de lo que ya le permite el presupuesto con un monto de más de 500 mil millones de pesos - queda el interrogante sobre hasta donde las restricciones externas antes señaladas limitaran o no la vuelta a un sendero de crecimiento bajo este nuevo modelo, sobre los tiempos requeridos así como los sacrificios demandados. Qué grado de acompañamiento tendrá de la sociedad que estará revisando en estos meses como queda su microeconomía. También será necesario calibrar hasta donde la economía argentina puede sostener un proceso de endeudamiento externo si no recupera tasas de crecimiento sostenidas. En tal sentido se va a tener que prestar atención a lo que acontezca con las Provincias las cuales, cerrada la cuestión del default, muy probablemente se lanzarán compulsivamente a endeudarse para financiar gastos corrientes a tasas irresponsables (la reciente colocación de deuda de la Pcia. de Buenos Aires a más de nueve puntos es un ejemplo de ello). 

Lamentablemente los tiempos económicos no guardan congruencia con los tiempos de la política dado que esta última tendrá pocos resultados económicos que ofrecer de cara a las legislativas del 2017.  Pero este escenario complejo no es sólo de Argentina sino que le cabe a toda la región. Como bien señala el ex Ministro de Finanzas de Chile Andrés Velazco en su artículo “América Latina tras el auge de los recursos naturales” publicado en el Boletín Terchint: “primero la región va a vivir en un entorno menos amigable y eso ya dificulta la labor. Segundo, está el hecho de poseer sociedades más empoderadas, medios de comunicación más activos, ciudadanos más exigentes, hecho que es bueno, pero también genera tensión entre economías que andan más lentas y ciudadanos que esperan más. No será fácil administrar esa tensión. Se requerirá de buenas políticas, de no caer en el populismo y la demagogia que han sido tan típicas” Y yo agregaría de no caer en ajustes clásicos que también han sido muy aplicados y que pueden llevar a las sociedades a añorar el populismo y la demagogia.

viernes, 29 de enero de 2016

Cómo estabilizar los precios internos en economías de mercado





Dada la aceleración inflacionaria – deslizamiento, sinceramiento o como les guste denominar al fenómeno - de los últimos meses  podríamos preguntarnos qué andamiaje de instrumentos de política económica tiene a su disposición el Gobierno para hacerle frente, más allá de una menor emisión monetaria.


La herramienta de las importaciones


Para la ortodoxia económica, la única manera de beneficiar a los consumidores disciplinando precios es a través de la apertura de las importaciones lo que supone un aumento de la oferta, de la competencia presionando a la baja a los precios. Pero toda construcción teórica tiene límites que la mayoría de los economistas desconocen al no tener experiencia práctica en el día a día de la actividad privada. El primer límite es que no se puede importar de un día para otro; tomar la decisión de importar supone un proceso que comienza en el pedido al exportador, aceptar la cotización, definir los plazos de pago, el plazo necesario para producir el bien a importar, la demora en el flete, etc. Es decir que cualquier medida que signifique facilitar las importaciones no tendría ningún resultado inmediato. No existen los automatismos.
 

El segundo límite es creer en la libre concurrencia de oferentes sin darse cuenta que en los mercados conformados por sectores concentrados, estos son los que muchas veces terminan usufructuando las importaciones al dominar las cadenas de comercialización y distribución manteniendo los niveles de precios. Es el propio empresario que actúa como productor o como importador en función de las condiciones de política económica imperante. Son los que cuentan con mayor capacidad para aprovechar esta ventana de oportunidad. En realidad la cuestión entre industriales e importadores constituye una disputa sobre quien se apropia de la rentabilidad del negocio y que nada tiene que ver con maximizar los intereses de los consumidores.  Con o sin apertura se benefician los mismos, nunca los consumidores.
 

Como tercer límite debemos señalar que existen mercados no desafiables – mercados con altas barreras a la entrada de nuevos competidores – un ejemplo de ello es el caso de la importación de insumos de uso difundido que sólo pueden adquirirse a partir de determinados volúmenes -  en especial cuando los usuarios  se encuentran por demás atomizados. La siderurgia, la petroquímica, los agroquímicos, los fertilizantes son algunos ejemplos de lo señalado. Y aunque los usuarios de estos insumos difundidos se pongan de acuerdo para importar en forma conjunta correrían el riesgo de enfrentar represalias comerciales de empresas monopólicas.
 

Un cuarto límite son las  normativas comerciales vigentes que pueden dificultar el mecanismo de abaratar las importaciones: desde la existencia de una Unión Aduanera imperfecta como es el caso del Mercosur que inviabiliza la reducción unilateral de aranceles ya que constituiría una perforación al arancel externo común. En este sentido sólo podría reducirse aranceles para posiciones arancelarias incluidas en lista de excepciones (no más de cien) o efectuar reducciones transitorias por problemas de abastecimiento pero que en todo caso deben ser aprobadas  por los órganos del Mercosur (es decir autorizadas por los restantes Estados Parte).



Un quinto límite son las normativas regulatorias que rigen para comercializar productos en el mercado interno. Por ejemplo cualquier alimento importado, para poder ser comercializado en el mercado interno, debe contar con la aprobación del Instituto Nacional de Alimentos y contar con un Registro Nacional de Producto (RNP) Esto implica tiempo, trámites y demoras que conspiran contra la meta de resultados inmediatos a la que aspira la apertura de importaciones.



Las limitaciones antes señaladas también caben para el caso de adoptar una política deliberada de retraso cambiario, aunque de consecuencias más negativas si tomamos en consideración lo acontecido en los últimos cuatro años signados por la estanflación. Un esquema del que por suerte se ha salido con éxito y al que seguramente no se querrá volver.

Finalmente y por ello no menor está la cuestión del desempleo que en el mediano plazo afectaría a los sectores sensibles en un contexto internacional de oferta excedente. Se estarían convalidando objetivos inmediatos de corto alcance  a cambio problemas estructurales que luego serán de difícil resolución. (la foto de los noventa deberíamos tenerla presente).
 
La herramienta de la Defensa de la Competencia

Un segundo instrumento que tienen las economías de mercado es la aplicación de La Ley de Defensa de la Competencia (Ley Nº 25156), herramienta muy válida de ser
aplicada frente a situaciones de abuso de posición dominante en determinado mercado. Este instrumento permitiría aplicar multas o exigir el desprendimiento de una determinada unidad de negocio de una empresa si es que se prueba su práctica de abuso de posición. Sin embargo los procesos son muy largos y aunque se sancione a una empresa ésta se encuentra en condiciones de continuar el contencioso en la justicia – en la justicia penal económica – y llegar hasta la instancia de la Corte Suprema de Justicia. El caso quizás más emblemático de aplicación de la Ley fue la acción de oficio iniciada por el Estado Nacional a la empresa YPF en el año 1999 por discriminación de precios en el GLP (que terminó en la Corte Suprema de Justicia la cual ratificó la condena), la acción contra la cartelización de las empresas cementeras (2005) la que también que fue apelada ante la Corte Suprema y contra las empresas productoras de oxígeno líquido (2001).


Desde el año 2005, no se han impuesto mayores multas por conductas anticompetitivas. La falta de enfoque en las investigaciones de cartel puede atribuirse a que la Comisión de Defensa de la Competencia ha dedicado un mayor porcentaje de sus recursos a los expedientes sobre control de concentraciones.
En los últimos diez  años la Comisión ha analizado solamente alrededor de 200 casos sobre denuncias de conductas anticompetitivas. El número de condenas en estos casos es muy bajo (8,7%) mientras que la mayoría de estos casos han sido rechazados (85,3%). Asimismo, se advirtió en los últimos años una creciente demora por parte de la Comisión para analizar los expedientes sobre infracciones, que llegan a demorar aproximadamente cinco años para su conclusión. Pero no obstante los tiempos señalados, resulta paradójico que las políticas de intervención de los mercados durante la última década en materia de precios no haya utilizado esta útil herramienta que existe en las economías de mercado y hayan optado por el contrario en los reiterados controles de precios que estructuralmente han fracasado.



 Acuerdos de reducción de precios vía ofertismo fiscal


Es otra herramienta que fue utilizada al comienzo del Plan de Convertibilidad a través de acuerdos sectoriales donde el Estado se comprometía a reducciones de impuestos o a reducciones en aportes patronales mientras que los sectores se comprometían a retrotraer los precios. Son esquemas de escasa efectividad dado que el sector privado “se apropia” de la renuncia fiscal, la cual pasa a ser permanente, mientras que la baja de precios – de sucederse efectivamente – nunca deja de ser transitoria. Por otra parte el Estado carece muchas veces de la ingeniería institucional para el seguimiento de estos acuerdos. Lo mismo acontece si se redujeran otros impuestos. La historia demuestra que es perjudicial afectar el esquema impositivo a objetivos de corto plazo.



Promover nuevas formas de comercialización

Es fácil decirlo pero complejo hacerlo. Obviamente que si se acorta la cadena que va del productor al consumidor èste accede a productos de menor precio, pero no resulta sencillo implementarlo en todos los productos. Se requiere de un trabajo territorial, de una logística de transporte alternativa a la imperante, del compromiso de los gobiernos locales (municipios), del apoyo de los productores, etc. La experiencia del kirchnerismo con los programas frutas, carnes y verduras para todos demostró lo difícil que es implementar algo que suena lindo pero que es complejo que alcance dimensiones que impacten sobre las cadenas de comercialización dominantes. No obstante que donde se pueda hay que intentarlo. 


Vía caída de la demanda

Es la forma clásica de estabilizar los precios internos vía una caída de la demanda (consumo). Significa no hacer nada desde la política económica. Significa dejar que el mercado “ajuste”: el aumento de precios y tarifas no es acompañado por el salario lo que disminuye el gasto de las familias lo que deriva en una menor demanda y en consecuencia la oferta debe adecuarse a esta nueva demanda reduciendo los niveles de precios. Se alcanzaría de esta manera un nuevo equilibrio de precios con una disminución de las tasas de rentabilidad del sector privado. Claro que este mecanismo se ejecuta pero no se anuncia desde la política ya que supone al inicio del proceso una pérdida de bienestar para los consumidores – que es lo que somos ante todo en la sociedad moderna -  lo que supone un costo político. Tampoco se puede establecer con certeza que este “supuesto automatismo” siempre se verificará dado que los mercados son imperfectos y existen inflexibilidades a la baja. 

Síntesis

Como podemos ver en una economía de mercado son escasos los instrumentos disponibles para actuar sobre los precios de una economía, más aún luego de un cambio de precios relativos generados por una devaluación. Pero peor aún sería no hacer nada o mostrar pasividad. Quizás sea la Ley de Defensa de la Competencia el instrumento más válido a utilizar aunque sus resultados/efectos no se consigan en el corto plazo. No brinda resultados concretos e inmediatos pero su puesta en funcionamiento y el inicio de algunas investigaciones (por abuso de posición dominante) puede significar una señal al sector empresarial de que la ley de la selva tiene sus límites. Esto más allá del camino que aún se debe transitar en materia de política monetaria y fiscal.